Un teatro que no quiere dejarte cómodo
En manque, de Vincent Macaigne, no es un espectáculo que aspire a la elegancia o al equilibrio. Aspira a otra cosa: provocar una experiencia física, incómoda y excesiva.
Creada en 2016 y desarrollada después en teatros y festivales europeos, la pieza mezcla teatro, performance, coreografía, instalación y concierto en una estructura que parece siempre a punto de desbordarse.
La música suena demasiado fuerte. El humo invade la sala. Las luces estroboscópicas golpean la mirada. Los actores gritan, corren, se enfrentan, bailan y arrastran al público hacia una experiencia donde la representación deja de ser una distancia segura.
Ese exceso no es decorativo.
Es el lenguaje de Macaigne.
Una fundación que contiene todo el arte europeo
El punto de partida es casi una fábula.
Una mujer extremadamente rica, Sofia Burini, ha reunido en una fundación privada prácticamente toda la creación artística occidental.
El arte ha sido acumulado, protegido, privatizado y convertido en patrimonio.
Pero ese mundo empieza a derrumbarse.
La fundación deja de ser un santuario y se convierte en una máquina melancólica donde arte, dinero, poder y prestigio aparecen mezclados hasta volverse indistinguibles.
El conflicto central aparece cuando esa generación que ha acumulado cultura se enfrenta a otra generación que ya no sabe qué hacer con esa herencia.
Una juventud melancólica y furiosa
El Théâtre de la Ville define En manque como una obra atravesada por una “fureur destructrice et jubilatoire”.
La expresión encaja perfectamente.
La pieza está llena de destrucción, pero también de deseo.
De rabia, pero también de necesidad de vínculo.
De nihilismo, pero también de una búsqueda desesperada de algo verdadero.
La hija, Liza, se enfrenta a Sofia con una violencia que no es únicamente familiar.
Es también generacional.
¿Qué hacemos con un mundo que nos entrega cultura, riqueza y memoria, pero no necesariamente un proyecto de futuro?
El cuerpo del espectador también entra en escena
Una de las características más radicales de En manque es que el público no permanece protegido por la cuarta pared.
Macaigne utiliza volumen extremo, bajos que hacen vibrar el suelo, humo intenso, luces estroboscópicas y acciones que invaden el espacio del espectador.
En algunas funciones, intérpretes y figurantes han llegado a invitar o arrastrar al público hacia el escenario para bailar.
La experiencia puede resultar eufórica para algunos y agresiva para otros.
Precisamente ahí aparece una de las grandes preguntas de la pieza:
¿hasta dónde puede llegar el teatro cuando decide afectar físicamente al espectador?
Un espectáculo que divide
En manque ha generado reacciones muy polarizadas.
Algunas críticas destacan su potencia visual, su energía, su capacidad de transformar la sala en una experiencia colectiva y su voluntad de romper las formas tradicionales.
Otras consideran que el exceso de sonido, humo, gritos y caos termina aplastando el sentido.
La crítica publicada por L’Atelier critique tras las funciones de Vidy en 2016 hablaba directamente de una experiencia física agresiva, donde el espectador “sufre” el dispositivo.
Esa división es importante.
Porque Macaigne no busca consenso.
El teatro como colapso
En muchas obras de Vincent Macaigne, el escenario parece construido para ser destruido.
Decorados que se rompen.
Agua.
Humo.
Micrófonos saturados.
Fiestas que degeneran.
Personajes exhaustos.
El teatro aparece como un lugar donde las formas sociales pueden colapsar delante de nosotros.
En En manque, ese colapso funciona también como metáfora cultural.
¿Qué ocurre cuando el arte deja de ser una promesa de transformación y se convierte en patrimonio, mercado y prestigio?
Arte, poder y dinero
Uno de los núcleos de la pieza es la relación entre cultura y poder.
La fundación privada donde se conserva “todo el arte europeo” funciona como imagen extrema de un problema real.
¿Quién posee la cultura?
¿Quién decide qué se conserva?
¿Quién tiene acceso?
¿Qué pasa cuando el arte se convierte en una extensión del capital?
Macaigne no desarrolla una tesis académica.
Construye una imagen.
Y luego la hace estallar.
La melancolía como “cuerpo muerto dentro de uno mismo”
El material pedagógico del Théâtre de la Ville describía la melancolía de la pieza a partir de una imagen radical: un “cuerpo muerto llevado dentro de uno mismo”.
No se trata simplemente de tristeza.
Es una sensación de imposibilidad.
La imposibilidad de amar como antes.
La imposibilidad de creer en las mismas promesas.
La imposibilidad de sentirse completamente vivo dentro de un mundo saturado de objetos, cultura y discursos.
Por eso el título En manque es tan preciso.
Habla de falta.
De carencia.
De deseo.
De una necesidad que no encuentra objeto.
Vincent Macaigne: exceso como método
Macaigne ha construido una de las estéticas más reconocibles del teatro francés contemporáneo.
Sus montajes suelen trabajar con el agotamiento, la saturación y la exposición física de los intérpretes.
El texto sigue siendo importante, pero aparece atravesado por ruido, cuerpos, accidentes, improvisación y desbordamiento.
La puesta en escena nunca parece completamente cerrada.
En el caso de En manque, el Festival d’Automne describe la pieza como una materia continuamente móvil, capaz de reactivarse de manera diferente cada noche.
El espectador como problema
Una de las cosas más interesantes de Macaigne es que no idealiza al público.
No intenta simplemente “incluirlo”.
Lo pone en una situación incómoda.
El espectador tiene que decidir si participa, si resiste, si se deja arrastrar o si rechaza la experiencia.
Eso convierte la recepción en parte de la dramaturgia.
Qué puede aprender un creador contemporáneo de En manque
1. El exceso también puede ser lenguaje. Volumen, humo, luz y saturación pueden formar parte de la dramaturgia si tienen una función clara.
2. El espacio puede colapsar. No todo decorado necesita conservarse intacto.
3. El público puede convertirse en materia escénica. Pero esa decisión tiene consecuencias éticas y físicas.
4. El caos necesita estructura. La sensación de descontrol funciona mejor cuando existe una arquitectura invisible que la sostiene.
5. El teatro puede discutir con la cultura desde dentro de la cultura. La crítica al sistema artístico también puede ocurrir dentro de una institución.
Por qué En manque sigue siendo relevante
Aunque la pieza nació en 2016, muchas de sus preguntas siguen pareciendo actuales.
La concentración cultural.
La privatización del arte.
La ansiedad generacional.
La dificultad de imaginar un futuro común.
La transformación del público en usuario, consumidor o comunidad.
Y, sobre todo, la pregunta por el deseo:
¿qué nos falta cuando aparentemente tenemos acceso a todo?
Ese es el corazón de En manque.
No el ruido.
No el humo.
No la provocación.
La falta.
La sensación de que algo esencial ha desaparecido y de que, quizá, solo destruyendo algunas certezas podamos volver a encontrarlo.
Fuentes consultadas: Teatro de La Abadía, Théâtre de la Ville, Festival d’Automne, Journal La Terrasse y L’Atelier critique.